Diario de Nada o casi Todo

jueves, abril 20, 2017

Brevedades y exabruptos DIARIO DE LA INCORRECCIÓN POLÍTICA (IV)


ABRIL 2017 



A raíz del atentado terrorista de Estocolmo de hace unos días, en una de esas constantes, reiterativas, recalcitrantes y cansinas tertulias que proliferan de una forma enfermiza en las televisiones y radios, un tertuliano de cuyo nombre no puedo –o no quiero-, acordarme, preguntado por su opinión con respecto a las medidas a tomar, dijo: hay que crear una normativa que restrinja la circulación de los camiones… A lo que el moderador de la tertulia adujo: pero es que el camión fue robado, por lo que cualquier normativa… A lo que el tertuliano añadió: pues reforzar la seguridad de las  cabinas de los camiones…

Y si el moderador hubiese continuado, el tertuliano habría generado algún estúpido argumento más.

No voy a debatir ahora sobre el terrorismo, ni argumentar con hipótesis absurdas para sentar mis argumentos para acabar con tamaña lacra. Creo, sencillamente, que, como en el caso de muchos otros grandes y no tan grandes males de nuestra sociedad global, el origen está en la desigualdad y la perversa geo-estrategia de las potencias dominantes.

A lo que voy.

La sociedad de los parches.

Así la llamo yo.

Generamos una normativa –política, social, económica, tecnológica…-, que, a su vez, genera unas necesidades ficticias, artificiosas, entre las que nos movemos creyéndonos más seguros y que, para colmo, generan a su vez nuevas normativas que vuelven a generar renovadas y aún más ficticias necesidades. Y así deambulamos, en este círculo vicioso de creación de falsas necesidades, generación de normativas, burocracias absurdas y necesidades innecesarias renovadas. Insisto…

Incapaces de atajar los problemas de raíz. Incompetentes para crear estructuras básicas sencillas, lo suficientemente sólidas para no tener que estar parcheando una y otra vez comportamientos absurdos…

Un ejemplo: contra la violencia de género reestructuramos las normativas penales, fabricamos pulseras de control, gestionamos teléfonos de denuncia, vigilancias policiales… Parches. Si coincidimos socialmente todos en que éste es un problema de educación ¿por qué no atajamos por ahí…?

Y así con el 99% del malfuncionamiento social de las comunidades que habitamos.

Pero basta.

Uno se cansa de incidir en lo mismo sin obtener jamás respuesta.

Ahí lo dejo. Al menos por el momento. Ese concepto de sociedad del parche, me resulta tan fundamental, que seguro que vuelvo a él en futuras ocasiones.



En mi pueblo han detenido a dos biólogos adscritos a la Universidad, por un fraude en medicamentos para la cura del cáncer. Ellos se lo guisaban y ellos se lo comían. Con acompañamiento de ansia por la vida de los enfermos que eran timados. No tiene ningún mérito engañar a quien confía en ti. Jugaban con su deseo de vivir importándoles éste una mierda…

Algo inhumano.

Perverso…

Quizás sería un buen castigo para su perversa acción condenarlos a sufrir su propia tropelía.

No tenemos remedio.



 He oído también que los camioneros europeos van a denunciar a los fabricantes de los vehículos que conducen, porque se ha descubierto que, hace tiempo, pactaron, fraudulentamente, los precios de mercado.

Me suena esa cantinela.

¿Queda algún sector de ésta, nuestra vanagloriada y magnificada sociedad occidental, capitalista y de profundas raíces judeo-cristianas, incorrupto…?

Me temo que no.

Frente a toda esta podredumbre gritamos a los cuatro vientos nuestra esencia democrática, solidaria, generosa, honorable, humana… Y conforme a este artificioso espíritu nos dedicamos a parchear de nuevo, continuamente. ¡Falsedades e hipocresías!

Quizás, para tener una oportunidad de progresar verdaderamente, deberíamos plantearnos la evidencia de que es ésta, la propia sociedad que tan correcta y políticamente defendemos, la que es, en esencia corrupta. La que está podrida y genera su propia podredumbre.

Somos tan hipócritas que antes de reconocer que es así, echamos la culpa –muy propio del homo sapiens-, a factores externos a nosotros. Por ejemplo a la malévolamente calificada –tan asiduamente-, naturaleza humana. Rousseau debe estar revolviéndose en su tumba.

Efectivamente no tenemos remedio y está claro que, incuestionablemente, somos estúpidos por naturaleza… Si no todos, al menos muchos.



 Y a los pederastas los absuelven… También es verdad que sobre todo a los que dicen estar amparados por dios. A mí me parece una prueba más e irrefutable de que dios no existe.

Y si existe… Me gustaría tener unas palabras con él.



  Ayer, nuestro amado líder mundial, el gran hermano americano, mandó lanzar una bomba –la madre de todas las bombas, la llaman-, un artefacto poderosísimo, la bomba no nuclear más potente que existe. Y lo hizo, dice, sobre los talibán, esos terroristas afganos sin cerebro que llevan años –demasiados-, reduciendo a cenizas sociales, políticas y culturales, a su propio país.

Según informan, la concepción de la señalada bomba, se puso en marcha en 2003, y estuvo lista para la guerra de Irak siguiente. Aunque no se empleó. A pesar de la mentira continuada y de la perversa propaganda con que nos bombardearon a todos con el inminente peligro de las armas de destrucción masiva en manos de un dictador demente. Por lo visto no fue necesario su empleo.

Quizás este hecho confirme, de una vez por todas y para quien todavía pueda tener dudas, la mentira global de la que fuimos protagonistas, para vergüenza de la historia.

Ahora, parece que los fabricantes de armas, patrocinadores de Trump –entre otros muchos-, se han cansado de esperar. Por lo visto esas bombas y muchas otras, amontonadas en los arsenales, no son rentables. Hay que amortizarlas como sea, y cuanto antes mejor. Y no basta con esas guerras esporádicas que se suceden sin descanso por un no me toques las geoestrategias que te invado… Siria es un ejemplo, el más sangrante, pero no el único.

Ahora, una vez más en una tesitura semejante de polvorines geoestratégicos saltando continuamente por los aires, qué bien les ha venido a los fabricantes, tratantes y traficantes (¿serán sinónimos?), de armas, poder contar con un personaje como nuestro amado líder mundial, el gran hermano americano.

No voy a intentar analíticas geo-políticas de la coyuntura actual… Porque no me apetece ni quiero. Porque resultan tan inútiles como embaucadoras. Porque lo que hacen es revestir de cierta seriedad la perversión de politicastros y politiqueros que, en el mejor de los casos, sólo presentan rasgos sicóticos o comportamientos sociópatas. Y en el peor, no son más que sicópatas violentos.

Volviendo a Trump y a los talibán, y a sus reyertas, cuando reflexiono sobre asuntos semejantes, siempre acudo a ese pensamiento justiciero y cinematográfico que se nos presenta cuando observamos en la pantalla, cómo luchan por el poder y por la fuerza, bandas rivales, gerifaltes antagónicos o simples caudillos barriobajeros. Delincuentes en general y en grado sumo. Pensamos ¡que se maten entre ellos!

Pues eso.

Hasta ahí, bien. Más o menos. O no.

Os cuento:

En mis círculos familiares y fraternales, solemos utilizar un brindis que aprendimos, tiempo ha, de un conocido: ¡Quien mal nos quiera que reviente y que no nos lleguen las salpicaduras!

Do you know what I mean, Mr. Trump?

Pues eso.

Pero las bombas no tienen cerebro y mucho menos corazón.

Y quienes las manejan, tampoco. Es una evidencia incontestable.

Y si no, que se lo pregunten a los civiles y refugiados sirios… Y a tantos y tantos otros refugiados, perseguidos, masacrados… en tantos y tantos conflictos existentes, sustentados por geo-estrategias coyunturales que nos son, a la inmensa mayoría, totalmente ajenas.

Así que, de verdad ¡Qué se maten entre ellos y que revienten! Pero que no nos lleguen las salpicaduras.

Aunque me temo que eso no va a ser así.

Una pena. Y una inmensa tristeza…

  

Pues resulta que va el papa (parece un chiste ¿verdad?), en pleno domingo de resurrección y dice: ¡Jesucristo ha resucitado…! ¿Por qué siguen ocurriendo desgracias?

No me digáis que no van provocando y justificando cualquier reacción. No existe nivel de desvergüenza con el que adjetivar a tamaño hatajo de perversos hipócritas… ¡2.000 años mintiendo, engañando, persiguiendo, torturando, quemando, en nombre de un dios ficticio, creado a su imagen y semejanza…!  ¿Para preguntarse ahora dónde está dios?

¡Caterva de pervertidos hipócritas… y viceversa!

A los papas les ocurre igual que a los presidentes yanquis: da igual el color, la apariencia, los valores que presuman defender, el márquetin que les apoye, las expectativas que levanten, la hipocresía que rezumen o las bondades con las que nos quieran engañar para hacernos partícipes de su perverso negocio… Nunca dejarán de ser lo que son, ni de representar lo que representan.

¿Recuerdan la fábula del escorpión y la rana…?

Pues eso: es su naturaleza.

Con perdón de la Naturaleza. Ya sea el término o el concepto.



Y al hilo de estos personajes (eclesiásticos de todo tipo y santoral), travestidos y falsarios…: últimamente abundan las denuncias de colectivos ultra-cristianos (las viudas de no sé dónde, asociaciones católicas de más allá, etc…), colectivos integristas y beatos que andan denunciando, a diestro y siniestro, con el argumento de sus sentimientos religiosos ofendidos.

Sólo una cosa: ¿Y mis sentimientos –religiosos y no-, ofendidos… continuamente? ¿Y denigrados, perseguidos, torturados, despreciados, vejados y humillados…? Después de miles de años de sangrante marginación de los sentimientos de los demás, deberían, como mínimo, preguntárselo. Porque razonamiento, reflexión, análisis y evidencias conclusivas, sería mucho pedir. ¿Un poquito de introspección? ¿Un poquito de ama a tu prójimo como a ti mismo…? Dicen que lo predicaba vuestro dios, modelo y ejemplo del que presumís ser seguidores… Sí, ese. Ese al que vosotros mismos, crucificasteis.

Lo dicho: ¡Hatajo de pervertidos e hipócritas! ¡Banda de falsarios!



          Se estrecha –aún más-, el cerco a Esperanza Aguirre.

E imputan al tal Marhuenda, uno de sus defensores a ultranza.

¿Debemos entender, por ende, que el cerco se estrecha también a sus jefazos y ex jefazos…? Me refiero a aquellos de la tan cacareada España va bien, la guerra de Irak y el milagro económico.

¿Y a sus voceros también? ¿A ese hatajo de personajillos con licencia para insultar y de ofensiva verborrea? ¿A esa banda de torturadores de la decencia más básica y distorsionadores continuados de la evidencia? ¿A esos mal llamados periodistas, prostituidos por el poder establecido, sicarios de la retrogradación, artistas del bulo y la difamación? ¿A esos peleles con ínfulas, portavoces de la nada, que inundan las páginas de muchos periódicos con las más obscenas estrecheces de miras, fingiéndose no sólo periodistas -que no lo son ni lo han sido nunca-, sino también literatos…? ¿A esos también?

         ¿Se estrecha, verdaderamente, el cerco a todos esos patanes, politicastros y voceros, enquistados en esta sociedad malsana y podrida?

Esperemos.

De lo contrario no habrá justicia. No es que ahora abunde, ni mucho menos, pero la que hay (haberla, haila, justo es reconocerlo), apunta, desde hace algún tiempo, con mayor acierto.

Reflexión a priori: ¿Cómo responde una nación, un país, una sociedad… que al aplicar la justicia descubre que ha sido gobernada, durante años y años, por una mafia, por una patulea de corruptos?

Dejadlo, es una pregunta retórica.

Llevamos muchos años sorprendiéndonos por lo que ya sabíamos y sin hacer nada al respecto.

Ya he hablado de ello. Muchas veces…





Política de palco…

Me da que hoy el Barça no pasa a semifinales. Porque ayer pasó el Madrid. Pero sobre todo por cómo pasó el Madrid. Política de palcos… ¿Acaso alguien duda de su existencia?

¿Qué ha pasado con el fraude a Hacienda de Cristiano Ronaldo? ¿Qué ha pasado con la denuncia –en el seno del escándalo general de la UEFA-, del “amaño” de sorteos?

Nada. Mediáticamente olvidado.

Política de palcos, de la que no hay palco que se libre.

Palcos, utilizados para enaltecer desmedidos y desmesurados sentimientos, para moldear y manipular emociones. Ámbito para exacerbados patrioterismos e independencias varias. Otros ámbitos donde priman los escudos, los himnos y las banderas. Palcos para el negocio turbio y las amistades peligrosas.

Otro ámbito corrupto. ¿Queda alguno libre de pecado?

Y nosotros recibiendo las salpicaduras de otro lodazal inmundo… Uno más. Insisto. ¿Queda alguno libre de pecado?

Somos como avestruces. No tenemos la cabeza bajo tierra, pero la tenemos llena de estupideces… O sea, vacía. Totalmente vacía de verdadero contenido.

Así nos va.

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